jueves, 7 de julio de 2011

Percepción de inseguridad, ¿Influye la Prensa? Un estudio para los sociólogos


Por Carlos Vilchez Navamuel

Sabemos que los índices de criminalidad en Costa Rica en general han subido con respecto a la última década, los datos así lo comprueban, http://www.nacion.com/2010-08-01/Opinion/Foro/Opinion2468204.aspx resulta entonces lógico suponer, que la percepción sobre la inseguridad aumente con respecto a años anteriores anteriores.

El periódico La Nación de Costa Rica publica el 04-07-10 con grandes titulares y en primera plana “Inseguridad es la mayor preocupación de costarricenses” y “La inseguridad se dispara como principal problema en el país.” La información proviene del resultado de una encuesta que hizo la empresa Unimer entre el 15 y 22 de junio. La razón, 49 de cada 100 ciudadanos están preocupados por la inseguridad y dicen que es el principal problema, el porcentaje actual es incluso tres puntos mayor al del 07-2010, supera así otros problemas como el desempleo, el alto costo de la vida o la corrupción. http://www.nacion.com/2011-07-04/ElPais/inseguridad-se-dispara-como-principal-problema-en-el-pais.aspx

La inseguridad se debe a varios factores, entre ellos, la criminalidad, la delincuencia, y la sensación de indefensión de los ciudadanos. Suponemos que en otras partes, el terrorismo fundamentalista, es un factor más que deben de agregar los ciudadanos a esa sensación de inseguridad.

“Para la Organización Mundial de la Salud, un índice normal de criminalidad medida por muertes violentas intencionales se encuentra entre 0 y 5 homicidios por 100.000 habitantes en el período de un año. Cuando ese índice de homicidios se ubica entre 5 y 8 la situación se considera delicada, pero cuando excede de 8 nos hallamos frente a un cuadro de criminalidad “epidémica”. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=113476

En Venezuela por ejemplo la cifra alcanzó el último año los 75 homicidios por 100.000 habitantes, en Centroamérica, El Salvador, es el que presenta el índice más alto, 58 por cada 100.000 habitantes, mientras que Guatemala y Honduras es de 45 y 43 por cada 100.000 habitantes, Nicaragua, Costa Rica y Panamá son los países con el índice más bajo, pues su tasa es de 10 por cada 100.000 habitantes. http://www.laestrella.com.pa/online/noticias/2011/06/24/panama_y_costa_rica_con_indices_de_criminalidad_menores_pero_aumenta.asp

Esa es la realidad de los números, si usted viene de Venezuela o de El Salvador, y llega a Costa Rica su percepción será muy distinta a la que tiene el ciudadano que reside en el país, y si usted viaja desde Costa Rica a Suecia o a Aruba, la diferencia la notará enseguida.

El informe sobre el Desarrollo Humano para América Central 2009-2010 (PNUD) nos señala que la inseguridad ciudadana en Costa Rica y América Central sí tiene solución, lo que produce esperanza. http://www.pnud.or.cr/index.php?option=com_content&view=article&id=598:la-inseguridad-ciudadana-en-costa-rica-y-america-central-si-tiene-solucion&catid=46:desarrollo-humano

Por último, un aspecto que no mencionan los noticieros y los medios de comunicación en general, y que debe de cuestionarse de manera seria y objetiva es el siguiente; ¿Cuánto influyen los medios y la prensa en general en la percepción de los ciudadanos sobre la inseguridad? La pregunta es válida porque los medios de comunicación nos bombardean todos los días, mañana, tarde y noche, con cantidad de informaciones que se maximizan en los noticieros con exceso de noticias sobre sucesos negativos, y de la misma forma lo hacen algunos periódicos cuando publican en sus primeras planas fotografías verdaderamente espeluznantes sobre crímenes o accidentes que tienen que producir un impacto especial en la psiquis del que observa la información.

¿Que sucedería si hiciéramos un experimento y durante el transcurso de un año, los medios de comunicación ignoraran las noticias sobre, sucesos negativos, crímenes y otros delitos menores? ¿Bajaría el índice de inseguridad? ¿Existe algún estudio sociológico hecho por la Universidad de Costa Rica sobre este tema?

Preguntamos, ¿Cómo podemos estar entre los países más felices del mundo (33) si estamos tan angustiados por la inseguridad tal y como lo demuestran los altos índices de estas encuestas? http://nuevaeconomia.com.bo/productos/revista-articulos/economia-internacional/los-10-paises-mas-felices-del-mundo/

miércoles, 29 de junio de 2011

La civilización del espectáculo


Por Mario Vargas Llosa

Para diario LA NACIÓN, Buenos Aires
Sábado 09 de junio de 2007


En algún momento, en la segunda mitad del siglo XX, el periodismo de las sociedades abiertas de Occidente empezó a relegar discretamente a un segundo plano las que habían sido sus funciones principales –informar, opinar y criticar– para privilegiar otra que hasta entonces había sido secundaria: divertir. Nadie lo planeó y ningún órgano de prensa imaginó que esta sutil alteración de las prioridades del periodismo entrañaría cambios tan profundos en todo el ámbito cultural y ético. Lo que ocurría en el mundo de la información era reflejo de un proceso que abarcaba casi todos los aspectos de la vida social. La civilización del espectáculo había nacido y estaba allí para quedarse y revolucionar hasta la médula instituciones y costumbres de las sociedades libres.

¿A qué viene esta reflexión? A que desde hace cinco días no hallo manera de evitar darme de bruces, en periódico que abro o programa noticioso que oigo o veo, con el cuerpo desnudo de la señora Cecilia Bolocco de Menem. No tengo nada contra los desnudos, y menos contra los que parecen bellos y bien conservados, tal el de la señora Bolocco, pero sí contra la aviesa manera como esas fotografías han sido tomadas y divulgadas por el fotógrafo, a quien, según la prensa, su hazaña periodística le ha reportado ya 300.000 dólares de honorarios, sin contar la desconocida suma que, por lo visto, según la chismografía periodística, la señora Bolocco le pagó para que no divulgara otras imágenes todavía más comprometedoras.

¿Por qué tengo que estar yo enterado de estas vilezas y negociaciones sórdidas? Porque para no enterarme de ellas tendría que dejar de leer periódicos y revistas, y de ver y oír programas televisivos y radiales, donde no exagero si digo que los pechos y el trasero de la señora de Menem han enanizado todo, desde las degollinas de Irak y el Líbano, hasta la toma de Radio Caracas Televisión por el gobierno de Hugo Chávez y el triunfo de Nicolas Sarkozy en las elecciones francesas.

Esas son las consecuencias de aceptar que la primera obligación de los medios es entretener y que la importancia de la información está en relación directamente proporcional con las dosis de espectacularidad que pueda generar. Si ahora parece perfectamente aceptable que un fotógrafo viole la privacidad de cualquier persona conocida para exponerla en cueros o haciendo el amor con un amante, ¿cuánto tiempo más hará falta para que la prensa regocije a los aburridos lectores o espectadores ávidos de escándalo mostrándoles violaciones, torturas y asesinatos en trance de ejecutarse?

Lo más extraordinario, como índice del aletargamiento moral que ha resultado de concebir el periodismo en particular, y la cultura en general, como diversión y espectáculo, es que el paparazzi que se las arregló para llevar sus cámaras hasta la intimidad de la señora Bolocco es considerado poco menos que un héroe debido a su soberbia performance, que, por lo demás, no es la primera de esa estirpe que perpetra ni será la última.
Protesto, pero es idiota de mi parte, porque sé que se trata de un problema sin solución. La alimaña que tomó aquellas fotos no es una rara avis, sino producto de un estado de cosas que induce al comunicador y al periodista a buscar, por encima de todo, la primicia, la ocurrencia audaz e insólita que pueda romper más convenciones y escandalizar más que ninguna otra. (Y si no la encuentra, a fabricarla.) Y como nada escandaliza ya en sociedades donde casi todo está permitido, hay que ir cada vez más lejos en la temeridad informativa, valiéndose de todo, aplastando cualquier escrúpulo, con tal de producir el scoop que dé que hablar. Dicen que, en su primera entrevista con Jean Cocteau, Sartre le rogó: “¡Escandalíceme, por favor!” Eso es lo que espera hoy en día el gran público del periodismo. Y el periodismo, obediente, trata afanosamente de chocarlo y espantarlo, porque ésta es la más codiciada diversión, el estremecimiento excitante de la hora.

No me refiero sólo a la prensa amarilla, a la que no leo. Pero esa prensa, por desgracia, desde hace tiempo contamina con su miasma la llamada prensa seria, al extremo de que las fronteras entre una y otra resultan cada vez más porosas. Para no perder oyentes y lectores, la prensa seria se ve arrastrada a dar cuenta de los escándalos y chismografías de la prensa amarilla, y de este modo contribuye a la degradación de los niveles culturales y éticos de la información. Por otra parte, la prensa seria no se atreve a condenar abiertamente las prácticas repelentes e inmorales del periodismo de cloaca porque teme –no sin razón– que cualquier iniciativa que se tome para frenarlas vaya en desmedro de la libertad de prensa y el derecho de crítica.

A ese disparate hemos llegado: a que una de las más importantes conquistas de la civilización, la libertad de expresión y el derecho de crítica, sirva de coartada y garantice la inmunidad para el libelo, la violación de la privacidad, la calumnia, el falso testimonio, la insidia y demás especialidades del amarillismo periodístico.

Se me replicará que en los países democráticos existen jueces y tribunales y leyes que amparan los derechos civiles a los que las víctimas de estos desaguisados pueden acudir. Eso es cierto en teoría, sí. En la práctica, es raro que un particular ose enfrentarse a esas publicaciones, algunas de las cuales son muy poderosas y cuentan con grandes recursos, abogados e influencias difíciles de derrotar, y que lo desanime entablar acciones judiciales por lo costosas que éstas resultan y lo enredadas e interminables que son.

Por otra parte, los jueces se sienten a menudo inhibidos de sancionar ese tipo de delitos porque temen crear precedentes que sirvan para recortar las libertades públicas y la libertad informativa.
En verdad, el problema no se confina en el ámbito jurídico. Se trata de un problema cultural. La cultura de nuestro tiempo propicia y ampara todo lo que entretiene y divierte, en todos los dominios de la vida social, y por eso, las campañas políticas y las justas electorales son cada vez menos un cotejo de ideas y programas, y cada vez más eventos publicitarios, espectáculos en los que, en vez de persuadir, los candidatos y los partidos tratan de seducir y excitar, apelando, como los periodistas amarillos, a las bajas pasiones o los instintos más primitivos, a las pulsiones irracionales del ciudadano antes que a su inteligencia y su razón. Se ha visto esto no sólo en las elecciones de países subdesarrollados, donde aquello es la norma, también en las recientes elecciones de Francia y España, donde han abundado los insultos y las descalificaciones escabrosas.

La civilización del espectáculo tiene sus lados positivos, desde luego. No está mal promover el humor, la diversión, pues sin humor, goce, hedonismo y juego, la vida sería espantosamente aburrida. Pero si ella se reduce cada vez más a ser sólo eso, triunfan la frivolidad, el esnobismo y formas crecientes de idiotez y chabacanería por doquier. En eso estamos, o por lo menos están en ello sectores muy amplios de –vaya paradoja– las sociedades que, gracias a la cultura de la libertad, han alcanzado los más altos niveles de vida, de educación, de seguridad y de ocio del planeta.

Algo falló, pues, en algún momento. Y valdría la pena reaccionar, antes de que sea demasiado tarde. La civilización del espectáculo en que estamos inmersos acarrea una absoluta confusión de valores. Los íconos o modelos sociales –las figuras ejemplares– lo son, ahora, básicamente, por razones mediáticas, pues la apariencia ha reemplazado a la sustancia en la apreciación pública. No son las ideas, la conducta, las hazañas intelectuales y científicas, sociales o culturales, las que hacen que un individuo descuelle y gane el respeto y la admiración de sus contemporáneos y se convierta en un modelo para los jóvenes, sino las personas más aptas para ocupar las primeras planas de la información, así sea por los goles que mete, los millones que gasta en fiestas faraónicas o los escándalos que protagoniza. La información, en consecuencia, concede cada vez más espacio, tiempo, talento y entusiasmo a ese género de personajes y sucesos.

Es verdad que siempre existió, en el pasado, un periodismo excremental que explotaba la maledicencia y la impudicia en todas sus manifestaciones, pero solía estar al margen, en una semiclandestinidad donde lo mantenían, más que leyes y reglamentos, los valores y la cultura imperantes. Hoy ese periodismo ha ganado derecho de ciudad pues los valores vigentes lo han legitimado. Frivolidad, banalidad, estupidización acelerada del promedio es uno de los inesperados resultados de ser, hoy, más libres que nunca en el pasado.

Esto no es una requisitoria contra la libertad, sino contra una deriva perversa de ella, que puede, si no se le pone coto, suicidarla. Porque no sólo desaparece la libertad cuando la reprimen o la censuran los gobiernos despóticos. Otra manera de acabar con ella es vaciándola de sustancia, desnaturalizándola, escudándose en ella para justificar atropellos y tráficos indignos contra los derechos civiles.

La existencia de este fenómeno es un efecto lateral de dos conquistas básicas de la civilización: la libertad y el mercado. Ambas han contribuido extraordinariamente al progreso material y cultural de la humanidad, a la creación del individuo soberano y al reconocimiento de sus derechos, a la coexistencia, a hacer retroceder la pobreza, la ignorancia y la explotación. Al mismo tiempo, la libertad ha permitido que esa reorientación del periodismo hacia la meta primordial de divertir a lectores, oyentes y televidentes fuera desarrollándose en proporciones cancerosas, atizada por la competencia que los mercados exigen. Si hay un público ávido de ese alimento, los medios se lo dan, y si ese público, educado (o maleducado, más bien) por ese producto periodístico, lo exige cada vez en mayores dosis, divertir será el motor y el combustible de los medios cada día más, al extremo de que en todas las secciones y formas del periodismo aquella predisposición va dejando su impronta, su marca distorsionadora. Hay, desde luego, quienes dicen que más bien ocurre lo opuesto: que la chismografía, el esnobismo, la frivolidad y el escándalo han prendido en el gran público por culpa de los medios, lo que sin duda también es cierto, pues una cosa y la otra no se excluyen, se complementan.

Cualquier intento de frenar legalmente el amarillismo periodístico equivaldría a establecer un sistema de censura y eso tendría consecuencias trágicas para el funcionamiento de la democracia. La idea de que el poder judicial puede, sancionando caso por caso, poner límite al libertinaje y la violación sistemática de la privacidad y el derecho al honor de los ciudadanos, es una posibilidad abstracta totalmente desprovista de consecuencias, en términos realistas. Porque la raíz del mal es anterior a esos mecanismos: está en una cultura que ha hecho de la diversión el valor supremo de la existencia, al cual todos los viejos valores, la decencia, el cuidado de las formas, la ética, los derechos individuales, pueden ser sacrificados sin el menor cargo de conciencia. Estamos, pues, condenados, nosotros, ciudadanos de los países libres y privilegiados del planeta, a que las tetas y los culos de los famosos y sus “bellaquerías” gongorinas sigan siendo nuestro alimento cotidiano.

domingo, 12 de junio de 2011

Juicios mediáticos y cuestionamientos a los fallos judiciales en la “Prensa” deben cesar


Por Carlos Vilchez Navamuel

“La pluma en la mala praxis del periodismo es mucho más criminal que el bisturí en la mala praxis de la medicina por cuanto la primera mata en vida”.


En el Artículo 11.1.de la Carta de Declaración Universal de los Derechos Humanos quedó establecido que “Toda persona acusada de delito tiene derecho a que se presuma su inocencia mientras no se pruebe su culpabilidad, conforme a la ley y en juicio público en el que se le hayan asegurado todas las garantías necesarias para su defensa.” http://clio.rediris.es/n30/derechoshumanos.htm

La presunción de inocencia es entonces un derecho inalienable de todas las personas y debe además ser objeto de respeto universal, cosa que deben recordar los medios de comunicación y los que laboran en ello porque los incluye.

Mientras una persona esté sujeta a esta situación, los medios de comunicación deberían abstenerse a destacar la noticia, informando rápidamente sobre el asunto sin maximizarla, de la misma forma como lo hacen ahora cuando informan sobre asuntos científicos o cosas que para el gremio apenas tienen importancia.

Los juicios mediáticos no solo se ven en Costa Rica, están de moda en el mundo -como veremos más adelante- y los hacen, por un interés puramente mercantilista, los noticieros de televisión quieren elevar su raiting, los periódicos quieren vender más con este tipo de periodismo amarillista, “Panem et circenses” con esto, lamentablemente entretienen al pueblo.

Más que pan y circo, los juicios mediáticos han alcanzado límites insospechados y parecen mas bien una cacería de brujas al mejor estilo de la inquisición. Los juicios mediáticos manchan y arruinan la vida de las personas en un abrir de ojos.

El 07-03-2011, el periódico El País de España publicó un artículo titulado “Juicios Mediáticos” comienza el artículo diciendo “Informar, educar y entretener. Estos eran los objetivos de la televisión antaño, por este orden. Ahora se han invertido. Los juicios mediáticos constituyen hoy, por desgracia, una práctica habitual en las parrillas televisivas, y el sensacionalismo le ha ganado la carrera a la ética.”

En el periódico La República del 19-05-2011 aparece un artículo escrito por don Álvaro Madrigal titulado “Presión mediática versus verdad real” el artículo es claro y contundente, los excesos de información deforman y hacen ver a los imputados culpables ante la opinión pública antes de recibir un juicio público en el que sean asegurados todos sus derechos..

Don Álvaro se refiere en este escrito a los casos relacionados con los dos ex presidentes de la República de Costa Rica, entre las cosas que señaló, dijo; “Se abusó de la práctica periodística de hablar de “presuntos culpables” o “presuntas anomalías” lo que en la sentencia 2996-92 de la Sala Constitucional es declarado ejercicio abusivo de la libertad de prensa, contrario a la Constitución por entrañar la inversión de la carga de la prueba y apremiar al aludido a demostrar su inocencia” y al final agregó una sentencia lapidaria dicha en uno de los tribunales penales, dice así “La pluma en la mala praxis del periodismo es mucho más criminal que el bisturí en la mala praxis de la medicina por cuanto la primera mata en vida”.
http://www.larepublica.net/app/cms/www/index.php?pk_articulo=46498

Esta última frase describe la sabiduría con que los jueces tienen que dictaminar y dar sus fallos, ellos han entendido las consecuencias de los excesos que se vienen produciendo con los juicios mediáticos en el país, los hemos visto en el pasado en casos como el del ex presidente José María Figueres Olsen en el caso chemise, en el del padre Minor Calvo explotado hasta la saciedad, con algunos deportistas y lo vimos de forma mucho más exagerada y desproporcionada con los ex presidentes de la república.

No es extraño entonces, que con estos excesos, la gente, ya manipulada por los medios de comunicación, quiera al final “rabo y orejas” aunque la persona no se lo merezca, por estas razones los juicios mediáticos deben de cesar.

Termino con unos comentarios importantes, los hizo nada menos que el jerarca que representa a la Judicatura, tiene que ver con el cuestionamiento de la prensa a las resoluciones de los jueces y que consecuentemente influye luego en el pueblo. Esto hay que detenerlo de una u otra forma, porque los medios no contentos con hacer juicios mediáticos ponen en duda en forma pública las resoluciones de los jueces y en consecuencia toda la institucionalidad de la Justicia.

Los comentarios los hizo la Lic. Adriana Orocú Chavarrría, presidenta de Acojud (Asociación Costarricense de la Judicatura) en una entrevista hecha por la Nación donde se le pedía que se refiriera a los cuestionamientos surgidos por la resolución del Tribunal Penal de Pavas por el fallo de otorgar arresto domiciliario a dos mexicanos cuestionados por narcotráfico. La licenciada Orocú Chavarrría afirmó entre otras cosas “El pueblo y los medios no son juzgadores de los juzgadores” de seguido el periodista le preguntó: ¿Es incuestionable el fallo de un juzgador? A lo que contestó “Los fallos no se discuten en la prensa porque no son puestos a votación popular a ver a quién le gusta o no. Nosotros vamos a defender la independencia judicial, la imparcialidad y la libertad de actuación de los jueces.” http://www.nacion.com/2011-05-30/Sucesos/NotasSecundarias/Sucesos2792674.aspx

Ahora resulta que algunos medios de comunicación además de informar, pretenden acusar y juzgar a los juzgadores al mismo tiempo, con estas pretensiones, los ciudadanos quedaríamos totalmente indefensos ante este poder mediático, de allí la necesidad de reglamentar la prensa sin coartar la libertad de expresión.

viernes, 3 de junio de 2011

¿PERIODISMO EN CRISIS O MERA PERCEPCIÓN? (Parte II)


Por José Pablo Salazar Aguilar *

Creo que la población costarricense tiene clara la importancia de una correcta comunicación.

Sabemos las consecuencias mortales de la mala praxis médica, pero no olvidemos los efectos de la mala praxis periodística, la cual si bien no acaba con vidas, acaba con la razón, con la crítica, con el poder de decisión y la decisión misma, aplasta el espíritu y el raciocinio, no de un solo ciudadano, sino de toda una audiencia.
Esa resulta ser la nefasta consecuencia para un “conglomerado ciudadano”, que precisamente pierde su condición ciudadana al no contar con información de calidad, es decir, datos de la realidad y vida nacionales interpretados y analizados con base en la emisión noticiosa objetiva, pero subjetiva en el tanto deba manifestarse la posición del medio sobre hechos políticos e ideológicos, para que la audiencia esté clara, informada y con bases sólidas para formular una opinión y crítica.

Luego de que analizáramos los primeros dos tropiezos de un periodismo nacional venido a menos, ambos relacionados con la formación del periodista y su etapa previa a que decida convertirse en comunicador, expondré las manchas del periodismo en su aplicación actual.

Una vez que el joven es graduado como periodista y, en algunos casos, sea colegiado (requisito exigido de acuerdo con su lugar de trabajo) empieza labores en algún medio de comunicación, agencia, oficina de presa o empresa; si es que no muere en el intento de encontrar trabajo por la saturación y la tentación de los sweet shops del siglo XXI, donde pagan mejor.

Los otros dos tropiezos: (1) La estéril iniciativa para generar productos de calidad en cualquier género periodístico, ya sea por la pobre formación y/o experiencia vivida, o por el poco tiempo y recursos de los que dispone el periodista en el medio y (2) la presión e influencia del medio, porque el tema o enfoque no fuese concomitante con los intereses políticos o económicos de los “jefes”.

Como binomio irónico y tóxico para el periodismo, el comunicador no puede hacer lo que su patrón no le permite hacer, y si tuviese la oportunidad, lo haría mal, porque carece de la experticia o le gusta la superficialidad. Igual que en la primera parte, no sería sensato generalizar, porque existen buenos trabajos de grandes comunicadores, pero no es la regla, es la lamentable excepción.

El periodismo es una profesión de todos los días, es una ciencia social que involucra todas las otras ciencias, la cotidianidad nacional e internacional, mi realidad y la de cada persona. Exige una actualización constante y una cosmovisión diferente de la de los demás, pero que comprenda todas las otras.
Ser comunicador es crear opinión, porque con cada palabra heredamos las herramientas para formar ciudadanos, personas críticas y pensantes, capaces de tomar una decisión, acertada o desacertada, pero una decisión pensada y consciente al fin, dentro de la sociedad. El periodista debe entregar lo mejor de sí, no solo creando un excelente reportaje o producción, sino un enfoque claro y analítico de los hechos que afectan la sociedad.

Por otro lado, la independencia del medio o empresa de comunicación de las cúpulas políticas y económicas, es la clave para una comunicación “objetiva”; sin embargo, si comparamos detenidamente, ¿qué es más conveniente, el ejemplo nacional en el que no sabemos para dónde “meten goles” las empresas de comunicación, o un arquetipo en el que conocemos la inclinación ideológica del medio? Creo que si conocemos el esquema mediático y los intereses que defienden, es más fácil cruzar variables, analizar enfoques y tomar decisiones como ciudadanos libres.

Por desgracia, en Costa Rica y otras naciones de occidente, es imposible saber la ideología del medio por la ambigüedad de sus producciones, y cuando creíamos dilucidar hacia dónde iban, nos llevamos la sorpresa de que estábamos equivocados, porque las empresas de comunicación son como los girasoles: Miran hacia donde va el sol; estando su agenda mediática completamente determinada por los intereses políticos y mercantiles de una coyuntura establecida.

Así, los comunicadores están maniatados por sus propias condiciones, arrastradas desde su formación como personas y profesionales, que incluyen sus principios y (anti) valores, siendo la avaricia la brújula usual que guía su ética. Y para colmo de males, los buenos comunicadores son amordazados por el medio, bajo el riesgo de sacrificar sus ideales por el sustento diario, o viceversa.

En la tercera parte, mis conclusiones y un resumen de la propuesta para iniciar la construcción de un modelo nuevo que altere primero al futuro periodista desde que es estudiante y luego, al periodismo nacional y, por qué no, latinoamericano.

* Periodista colegiado

Nota: Usted puede ver la primera parte en: http://shm-mella.blogspot.com/2010/10/periodismo-en-crisis-o-mera-percepcion.html

jueves, 26 de mayo de 2011

Perlas del periodismo decente contra el periodismo indecente


Por Carlos Vilchez Navamuel

Nadie debe erigirse un portavoz de la verdad y menos que nadie el periodista
Camilo José Cela


Cierto que existe periodismo honesto, justo, digno, inteligente, sano, pero sin duda alguna existe el periodismo que se utiliza para sus propios intereses, que manipula las noticias con verdades a medias, el que trata la información con excesos, el que fabrica los juicios mediáticos, aquel que consigue las informaciones de manera dudosa, sin olvidarnos que existe el periodismo sensacionalista, amarillista, y de esos profesionales que desempeñan su labor con prepotencia, altanería y peor aún que se creen inmaculados.

El Diccionario de la Real Academia Española DRAE, nos dice que la palabra decente, (Del latin decens, -entis) significa: Honesto, justo, digno, correspondiente al estado o calidad de la persona, bien portado. Y consecuentemente lo contrario a todo esto significa indecente, es decir, si el periodismo no se ejerce con honestidad, justicia o dignidad es un periodismo indecente.

Destacados periodistas han señalado en algunas oportunidades lo que ven en su propio medio, aquí algunas “perlas” de periodistas decentes que se han atrevido a señalar a sus colegas.

La periodista Vilma Ibarra en un artículo titulado “Buen periodismo” nos dice: “Siento vergüenza por la desinformación con que nutrimos todos los días a nuestra sociedad; la mayoría de cuyos miembros no puede decodificar los mensajes que recibe, no entiende de la descontextualización, de la noticia convertida en espectáculo y de la tragedia de un suceso convertida un día sí y otro también en melodrama de quinta.”
http://porunaprensamashumanayobjetiva.blogspot.com/2010/09/buen-periodismo.html

Otros periodistas en el ámbito internacional hartos de lo que sucede en su medio y apegados a la ética han hecho sus observaciones públicamente, el Catedrático Colombiano Javier Restrepo nos dice entre otras cosas que “El periodismo no está cumpliendo con su deber social y lo que busca es el lucro. Cuando el periodista abusa y desconoce los derechos de las personas provoca una reacción de la sociedad de restringir la libertad.” http://porunaprensamashumanayobjetiva.blogspot.com/2009/05/fiscales-y-periodistas-lecciones-que.html

Mas grave aún resulta la afirmación del periodista francés, Jean Daniel cuando nos dice que “Los periodistas tienen una capacidad para hacer el mal que es devastadora. En un día o en una hora se puede deshacer una reputación. Es un poder terrible.”
http://porunaprensamashumanayobjetiva.blogspot.com/2011/02/traficantes-de-informacion.html

El periodista español Alfonso Palomares, ha dicho que “el poder ejercido por un pelotón de periodistas puede convertirse en una tiranía mediática”.

Finalizo con una sentencia del dodecálago de Camilo Cela sobre los deberes del periodista, dice así “Callar antes que deformar; el periodismo no es ni el carnaval, ni la cámara de los horrores, ni el museo de figuras de cera.” http://redescolar.ilce.edu.mx/redescolar/biblioteca/literatura/special/cela/dodec_alogo.htm

Si todo esto dicen del periodismo los mismos periodistas, no es extraño entonces concluir que existen dos clases de periodismo, el decente y el indecente, nosotros ya lo hemos identificado ¿y usted?

jueves, 19 de mayo de 2011

Presión mediática versus verdad real


Por Alvaro Madrigal

En un contexto tan deformado por la presión mediática y las pasiones políticas, como es el que rodea los expedientes “Caja-Fischel” e “ICE-Alcatel”, es harto difícil encontrar la verdad real y asignarle la contundencia propia de una sentencia firme. Jamás en la historia judicial costarricense ha habido tanta participación informativa como en estos casos. Y no siempre y esto es lo que plantea la duda central de la posibilidad de rescatar la verdad real para informar y cumplir con la esencia deontológica del periodismo. Fue evidente que hubo abundante información a veces con sutileza y muchas veces sin ella con el sello de orientación o sesgo para influir en la opinión pública y provocar en ella la convicción de la existencia de un delito grave digno de una aplastante condenatoria. Se abusó de la práctica periodística de hablar de “presuntos culpables” o “presuntas anomalías” lo que en la sentencia 2996-92 de la Sala Constitucional es declarado ejercicio abusivo de la libertad de prensa, contrario a la Constitución por entrañar la inversión de la carga de la prueba y apremiar al aludido a demostrar su inocencia. Ni que decir del ultraje al derecho de respuesta materializado en la consignación del descargo sin el despliegue que tuvo la divulgación del “presunto delito” ni del desconocimiento a los principios de adecuación y veracidad en la información que acoge el artículo 46 constitucional.

Pronto se puso de manifiesto que más allá de unos expedientes en que la Fiscalía General acusaba la existencia de graves delitos urdidos por (así los pintaba) una gavilla de bandidos, el país estaba en presencia de dos juicios mediáticos con alta contaminación política que provocó que Calderón, Rodríguez y todos los demás encartados fueran condenados hace años por el imaginario popular a podrirse en la cárcel. En este contexto ¿qué importancia tenía que los jueces dijeran A, B o C, o que el conjunto de las pruebas aportadas por la Fiscalía se desplomara por causa de una penosa impericia profesional de la acusación? Si se identificó en uno y otro caso la verdad real, ¿respondieron a ella las sentencias o hubo temor a la presión de los medios y a los prejuicios populares? Total, la retahíla de imputaciones terminó en una pena al expresidente Rodríguez por instigar a delinquir a un lobo que terminó en virtuosa paloma y en una pena al expresidente Calderón por un hecho calificado como peculado que se dio sin ser él funcionario público. ¡Ah generosas sentencias con los testigos de la corona que corrieron a agradecerle a Dios el pase “a mejor vida” para gozar millones de dólares!.

Por la salud de la República era indispensable blindar estos juicios de la presión mediática y proteger la verdad real. Mas no se logró. Resultado suficiente para pensar con el periodista español Alfonso Palomares, que “el poder ejercido por un pelotón de periodistas puede convertirse en una tiranía mediática”. O como lo sentenció uno de nuestros tribunales penales: “La pluma en la mala praxis del periodismo es mucho más criminal que el bisturí en la mala praxis de la medicina por cuanto la primera mata en vida”.

lunes, 16 de mayo de 2011

Regularán los medios de comunicación en Ecuador


Por Carlos Vilchez Navamuel

El sábado 07-05-11 se llevó a cabo una Consulta Popular en Ecuador, su objetivo, -han dicho algunos funcionarios- buscar fundamentalmente el desarrollar enmiendas constitucionales y políticas públicas que impacten la vida cotidiana de los ciudadanos así como mejorar el régimen de administración de justicia. Luego de haberse contabilizado el 80% de los votos por parte del Consejo Nacional Electoral, el Sí ha ganado por un margen estrecho, y le permite al presidente Correa impulsar su proyecto político. Corresponderá ahora a los senadores redactar nueva legislación, lo que seguro traerá mucha polémica. http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2011/05/110514_ecuador_consulta_correa_viernes_jg.shtml

La consulta consistía en 10 preguntas, (demasiadas para un Referéndum) me centraré en dos de ellas que tienen que ver específicamente con los medios de comunicación, regulación a la difusión de contenidos, y establecerle responsabilidades a los comunicadores y medios de emisión. http://encontexto.com/actualidad/ecuador-consulta-popular-con-10-preguntas-646.html

Veamos; entre las preguntas para la enmienda constitucional la número 3 dice: “Con la finalidad de evitar conflicto de intereses, ¿está usted de acuerdo con prohibir que las instituciones del sistema financiero privado, así como las empresas de comunicación privadas de carácter nacional, sus directores y principales accionistas, sean dueños o tengan participación accionaría fuera del ámbito financiero o comunicacional, respectivamente, enmendando la Constitución como lo establece el Anexo 3”

Para nosotros esta pregunta no tiene ni pies ni cabeza, coartarle los derechos y libertades a individuos que trabajan, viven y están en el negocio de la comunicación es violar los derechos fundamentales de las personas.

Entre las preguntas de temas generales la número 4 dice: Con la finalidad de evitar los excesos en los medios de comunicación, ¿Está usted de acuerdo que se dicte una ley de comunicación que cree un Consejo de Regulación que norme la difusión de contenidos en la televisión, radio y publicaciones de prensa escrita, que contengan mensajes de violencia, explícitamente sexuales o discriminatorios; y que establezca los criterios de responsabilidad ulterior de los comunicadores o los medios emisores?

Esta pregunta es mucho más importante, porque tiene que ver con los excesos en la información, nos parece que aquí sí cabe hacer la regulación, todas las profesiones deben estar reguladas y deben contener criterios de responsabilidades, de la misma forma que la tienen los médicos, los chóferes o los abogados, no hay razón para que esta profesión esté exonerada de obligaciones y responsabilidades.

En Costa Rica se han notado excesos y violaciones a los derechos fundamentales de parte de los medios de comunicación, ejemplo de ello se ha visto en las informaciones obtenidas por la prensa en los Sumarios de los casos de los ex presidentes y en los juicios mediáticos producto de la forma desproporcionada donde se magnifican las noticias muy de moda en estos tiempos. Esto debe de cesar.

Los periodistas, directores y medios de comunicación de Latinoamérica deberían poner las barbas en remojo, esto puede resultar contagioso, promuevan ustedes mismos desde ahora una buena reglamentación, de lo contrario cualquier día de estos se podría presentar un Referéndum en algún otro país de la región. Sí a la libertad de prensa, con responsabilidades y reglamentada.