miércoles, 10 de marzo de 2010

Libertad de prensa ¿o libertinaje?


Por: Oscar Sierra Quintero

El problema que enfrenta el periodismo moderno es el mismo que enfrentan todas las instituciones que han caído bajo el alero de ese mercantilismo extremo, propio de la sociedad globalizada del siglo XXI, en el que el poderoso caballero don dinero se puso muy por encima de los verdaderos valores humanos.

Así como vemos periódicos que no informan sino que, por el contrario, desinforman y manipulan (o dañan reputaciones, como bien lo anota el amigo Ricardo Vilchez en su articulo publicado en esta misma página titulado; Reglamentar los medios de comunicación y la Prensa),http://porunaprensamashumanayobjetiva.blogspot.com/2009/08/eglamentar-los-medios-de-comunicacion-y.html de la misma forma vemos ahora universidades que no enseñan, abogados que no defienden el estado de derecho (por el contrario, violan las leyes o atropellan al humilde que no se puede defender), médicos que no mejoran el estado de salud (para mantener al "cliente" en su consulta), medicamentos que no curan si no que solo alivian (igualmente, para mantener al "cliente" comprando el fármaco), productos que se dañan al poco tiempo de adquiridos... y paremos de contar.

Este mercantilismo extremo de cuantificarlo todo bajo el signo del $ ha permeado incluso (y esto es lo mas grave) el ámbito de las relaciones humanas, de forma tal que ya en la "civilizada" sociedad del siglo XXI se tabula el valor de alguien por el auto que tiene o por el tamaño de su cuenta bancaria, antes que por sus valores personales, sus virtudes humanísticas o sus conocimientos.

En el caso de la prensa, esta devino, de un imprescindible "cuarto poder" (efectivo ojo avizor de la sociedad), en un sistema mercantilista, la mayoría de las veces prostituido y banal que, mas que informar o culturizar al público, lo que busca es lograr un buen "rating" (si hablamos de la TV y la radio) o una masiva venta de ejemplares (si nos referimos a la prensa escrita. Y para lograr ese objetivo no importan ya los medios que se hayan de utilizar para captar la atención de las masas, por más burdos, vulgares o chabacanos que sean. Y caemos aquí en un decadente círculo vicioso en el cual, en lugar de que los medios masivos eleven el nivel cultural y espiritual de la población, se ponen por el contrario, al servicio de sus más bajos instintos, con la excusa de que "eso es lo que vende".

A ese callejón sin salida nos llevó ese "capitalismo salvaje" denunciado en su momento por el difunto Juan Pablo II. El sistema unipolar que se impuso en el planeta tras el derrumbe de la URSS hace casi dos décadas, nos vendió la idea, a tirios y troyanos, de que cualquier forma de regulación por parte de la legislación estatal era un atentado contra la "libertad de expresión" (en el caso de la prensa mercantilista) o una limitación "a la libertad de comercio" por parte de los grandes empresarios y transnacionales. Y la sociedad sin duda mordió el anzuelo al dejarse confundir con las falacias de los dueños del gran poder económico cuando nos convencieron que "libertinaje" era lo mismo que "Libertad". Que había que reducir el tamaño del "estado interventor" y permitir el saqueo de todo el planeta por la libre y sin ningún tipo de regulaciones, privatizando hasta el aire que se respira, si eso fuera posible. Actitudes tan extremas y maniqueas llevaron, a la zaga, al descalabro económico de una superpotencia como los EE.UU.

Una prensa mercantilizada que no busca informar sino vender vulgaridad y banalidades, pondrá el grito en el cielo, invocando a la sacrosanta "libertad de expresión" (como ellos la entienden, obviamente) cada vez que determinado estado o gobernante insinúe siquiera una regulación o una reglamentación sobre lo que se puede mostrar masivamente al público y lo que no. Con respecto a esto último, remitámonos al sector de la población más vulnerable a ser fácilmente influenciado por no tener aún formados criterios muy sólidos que le permitan discernir lo posito de lo negativo, como son los niños y adolescentes

Llegados a este punto, nos vemos en la disyuntiva que nos lleva a analizar cual de las dos "libertades" tendría mayor peso a fin de cuentas, en este debate: si la del empresario de la prensa que decide él mismo y según sus propios intereses, qué publicar y qué no en el medio de "su propiedad", aunque ello esté afectando la ética y la moral de la sociedad, o la LIBERTAD del ciudadano medio que tiene el derecho de educar a sus hijos bajo los parámetros de una ética y unos valores que lleven a una formación integral del ser, sin las perniciosas influencias y malos ejemplos que se ven constantemente en la omnipresente televisión, la prensa escrita y aún en el cine, la música y los video juegos.

Una vieja y sabia frase esclarece la confusión que se ha establecido entre "libertad" y "libertinaje": TU LIBERTAD DE ESTIRAR LA MANO, TERMINA DONDE EMPIEZA MI NARIZ".

Víctima de información parcializada

Por:María Laura Víquez P., Estudiante

Fui víctima de los agresores, víctima de la justicia lenta y ahora víctima de La Nación


El viernes 5 de marzo del 2010, en la página 16 A de Sucesos se publicó en tres cuartos de página la información titulada: “Mala valoración de prueba salvó a karateca de la cárcel”, acompaña del pretítulo “Casación anuló pena de 20 años por violación”. Dicha información es complementada con dos significativas frases: “Fallo violentó el principio de inocencia del principal imputado” y “Casación advirtió que víctima obvió información clave en su testimonio”.

La información contenida en la nota, a todas luces, no es equilibrada y asombra por su fuerte parcialización en favor de los acusados. Se centró única y exclusivamente en las razones por las que el caso fue anulado por el Tribunal de Casación Penal y dejó de lado importantísimos aspectos, con el claro afán de perjudicarme.

Omisiones. Un primer elemento para dicha afirmación es que omite por completo los argumentos del Tribunal de Casación Penal, mediante los cuales se declararon con lugar los recursos de casación planteados por la ofendida.

Sorprende que en un asunto tan delicado, en el que debería primar el derecho de protección a la víctima, este periódico, por el contrario se atreve a revictimizar a una mujer que decidió enfrentar el poder económico, el matonismo y los estereotipos sociales para encontrar justicia a través de la verdad.

La resolución 2009-1423, del 18 de diciembre del 2009, del Tribunal de Casación Penal del Segundo Circuito Judicial de San José, no le pone fin a este proceso, como se quiere dar a entender en la nota aludida. Basta con observar que el verbo “salvar”, empleado en el título, está en pasado, con lo que da por descontado que eso no cambiará en el nuevo juicio que el Tribunal tiene que convocar.

Es cierto que la resolución acredita algunas inconsistencias en la forma en que se valoró la prueba en lo que respecta a uno de los imputados, aspecto de responsabilidad exclusiva del Tribunal sentenciador, pero también manifestó, en relación con él: “esta cámara en nada prejuzga sobre el caso y es amplia en señalar, que la ebriedad o el compartir con otra persona, no constituye en sí mismo, un elemento que defina si una relación sexual posterior es voluntaria o forzada, eso ha de valorarse en cada caso particular'”.

Sorprende de nuevo que en la citada nota un elemento tan importante se haya omitido. ¡Error, descuido o mala fe!

Incluso en el párrafo cuarto, de la primera columna del texto, el periodista, o el autor de la nota, de una manera sutil, pero escandalosamente parcializada, en siete líneas pone en duda la agresión que sufrió la víctima: “Durante el debate, las partes discutieron a fondo si lo ocurrido aquella noche del 12 de diciembre del 2004 en las afueras del bar Bokaos (en Santa Ana, San José) fue un ataque sexual o una relación consentida”.

Esa misma sentencia acoge y anula el pronunciamiento penal y civil que absuelve a los encartados Mauricio Alvarado Prada y Sergio Espinoza Baviera –pariente del periodista Armando Mayorga– y manifiesta que “llevan razón las partes en sus reclamos en el fallo se hace una valoración de prueba, especialmente de la declaración de la víctima, que por un lado le parece totalmente clara y contundente al tribunal para sustentar la sentencia condenatoria, pero por otro lado se le niega credibilidad para determinar lo ocurrido respecto de los otros imputados, pese a que, como bien lo alega el Ministerio Fiscal, la ofendida sí describe a los imputados y los identifica”.

Es decir, que los tres acusados serán de nuevo juzgados, aspecto que es de suma relevancia, el cual, sin embargo, se cita de forma marginal al final de la nota. ¿Estamos en presencia de una información periodística o de una defensa pública de los acusados?

Manifiesta el Tribunal de Casación, en protección de los derechos de imputación criminal de la víctima contra sus agresores, que “es un tanto endeble sostener la absolutoria en la falta de precisión, pues la víctima identifica plenamente los sujetos y sus acciones”. Este aspecto, que le habría dado un ligero equilibrio a la información, también es omitido.

Evidentemente, el fallo respetó el principio de acceso a la justicia de la víctima, pues le garantiza el tratar de obtener una sentencia en contra de los tres agresores que logró identificar plenamente. Dicho aspecto le pareció irrelevante al autor de la nota, la que más bien da una sensación de triunfo, dado que en el título a dos columnas se afirma que el condenado en una primera instancia se “salvó” “por mala valoración de la prueba”, como recalca, una y otra vez, la información.

Como vemos, el maravilloso juego de las omisiones tiene la magia de negar el equilibrio informativo, aspecto fundamental en una nota periodística, esta vez fue pisoteado a lo largo y ancho del texto, generando una inaudita revictimización mediática.

El silencio de este periódico durante varias semanas de debate, y la presencia constante del periodista Armando Mayorga –solidario con su pariente acusado– en la sala de juicios del Tribunal de Pavas, dejan clara la actuación particular de este medio, en diciembre y en marzo. Y así será cuando el juicio se vuelva a realizar y se haga justicia.

lunes, 11 de enero de 2010

Enmiendas


Por: Pedro Oller
Martes 5 de Enero,2010
Diario La República
El periodismo hoy por hoy es un servicio a cambio de dinero o bienes. Como lo es el de abogado —que practico— o el de médico. Lo que nos diferencia es la relación perjuicio/beneficio que, en los dos últimos casos no corresponde a favor alguno para nadie más que no sea el desvalido (quiero creer).


Para la revista Time, el personaje del año es Ben Bernanke. Dice su editor: “La recesión ha sido el tema del año. Sin Bernanke hubiera sido mucho peor”. Para Le Monde, Luiz Inácio Lula da Silva, porque “a ojos de todos, encarna el renacimiento (...) de un gigante”. El País concuerda. Para El Financiero, Analía Elizondo, quien levantó El Angel después de Cinchona merece reconocimiento.

Ya hizo bien don Alvaro Madrigal en denunciar, por espuria, la designación de un corruptor como Personaje del Año por un periódico. Un Santa Claus moderno, no solo por lo que admite haber repartido sino porque en Multiplaza le vi el 21, cargado de bolsas de regalos destinados a quién sabe quién.

Lo mío va por otro sendero. ¿Cómo poder enmendar el amarillismo y la corrupción que invaden por igual al Quinto Poder —la prensa— que a los otros cuatro poderes sin reparo? Todos.

La prensa señala duras críticas al Ejecutivo, al Legislativo, al Judicial y al Electoral. Se catapulta con base en imputaciones —a veces anónimas, otras implicadas— para validar su información. Se vale del contexto en declaraciones de lo absurdo para vender.

Obvia con demasiada crudeza el balance noticiario por el balance contable. Aprovecha circunstancias, ocurrencias, también males y descomposición para denunciar y vender. ¿Y quién les llama a cuenta? Nadie.

Primero por miedo. Entendidos que el poder de la prensa es inenarrable en nuestro país y en este momento.
Segundo porque eso de que “más vale que hablen de uno (…)” ha sido un paradigma impulsado por los mismos medios en detrimento del ser humano: Escandalizar, vilipendiar, abusar y finalmente condenar son oficios impropios de la función periodística.
Tercero, porque sin necesidad de embaucar a quien razona,el periodismo hoy por hoy es un servicio a cambio de dinero o bienes. Como lo es el de abogado —que practico— o el de médico. Lo que nos diferencia es la relación perjuicio/beneficio que, en los dos últimos casos no corresponde a favor alguno para nadie más que no sea el desvalido (quiero creer).

Vivimos de esta realidad y somos víctimas en potencia o, en su defecto y en aras de enaltecer lo burdo, personajes que ataviarán un titular o una edición especial.
Más, y vale preguntarse, ¿queremos el protagonismo, nos dejamos o lo permitimos? Seguimos siendo dueños del ser humano que ocupamos.

Arrancamos un año nuevo. Lleno de esperanza y de oportunidad de hacer las enmiendas que correspondan. Hagamos el propio por una de ellas y, de forma contundente, demandemos que el periodismo amarillista desaparezca y que se enaltezca esta función y poder que requerimos y exigimos de forma responsable.

Seguiremos escribiendo por aquí no solo mientras me aguanten, sino también, en el tanto ahuyenten el sensacionalismo empresarial.

Feliz Año para todos.

lunes, 7 de diciembre de 2009

El 'efecto villano' del sensacionalismo

Por: MILAGROS PÉREZ OLIVA
El País, España,06-12-09

Los medios han entonado un mea culpa colectivo y las asociaciones de la prensa y colegios profesionales han insistido en la necesidad de adoptar códigos y normas de autorregulación.

Que una persona inocente y agredida por los medios de comunicación hasta límites intolerables tenga que dejar Tenerife para eludir la presión que los medios de comunicación siguen ejerciendo en la puerta de su casa debería hacernos reflexionar sobre los límites de nuestra profesión. Ni siquiera cuando ya ha quedado claro que es inocente, el ensañamiento mediático ha cesado. Una cadena de errores médicos y policiales llevó a la detención de este joven, acusado de la muerte de una niña de tres años, hija de su compañera sentimental. El acusado pudo ser fotografiado durante la detención y un primer plano de la fotografía tomada por la agencia Efe fue reproducida en casi todos los diarios, e incluso uno de ellos, que habitualmente no lleva los sucesos a su portada, la reprodujo en primera página con esta leyenda: "La mirada del asesino de una niña de tres años". La presunción de inocencia hecha añicos. Los medios ya le habían condenado. Muchos telespectadores pudieron ver también en televisión imágenes en las que reporteros ávidos de escenas impactantes jaleaban al público. ¿Qué tipo de periodismo es ése?

Los medios han entonado un mea culpa colectivo y las asociaciones de la prensa y colegios profesionales han insistido en la necesidad de adoptar códigos y normas de autorregulación. Una sana autocrítica..., hasta que surja un nuevo caso y de nuevo vuelvan a caer en los mismos excesos. De hecho, no hacía tanto del anterior mea culpa, a propósito del tratamiento de la desaparición de la adolescente sevillana Marta del Castillo, en enero pasado.

En muy poco tiempo los medios de comunicación han sido objeto de duras críticas en varias ocasiones y por asuntos muy diversos. La cobertura exagerada y alarmista de la gripe nueva y el seguimiento del secuestro del Alakrana son los más recientes. En todos estos casos, las críticas inciden en lo mismo: en la tendencia hacia el amarillismo y la exageración.

Desde la perspectiva de un diario de referencia como EL PAÍS, que considera el rigor y la seriedad sus principales señas de identidad, lo ocurrido plantea una reflexión de carácter general: ¿le afecta este ecosistema mediático cada vez más escorado hacia un tratamiento sensacionalista de la realidad? ¿De qué manera?

Por la correspondencia que he recibido a propósito de este caso, creo que sí. Nos afecta, en primer lugar, porque si se produce una erosión en la credibilidad de los medios en su conjunto, también se reduce la confianza en cada una de las partes que lo forman. Si crece la suspicacia respecto a lo que cuentan los medios, todos acabarán afectados, de un modo u otro, por la falta de confianza general. Incluso cuando, como ha ocurrido en este caso, la cobertura haya sido correcta. Creo que el diario EL PAÍS ha dado a este suceso un tratamiento ajustado y riguroso. En la primera crónica, el titular eradescriptivo y comedido: "Muere una niña de tres años con signos de maltrato". En el texto se indicaba que existía un informe médico sobre presuntos abusos y malos tratos, pero también que había dudas, pues otro informe descartaba tales lesiones. El corresponsal Juan Manuel Pardellas hacía un relato objetivo de lo ocurrido, incluidas las incertidumbres que el caso todavía presentaba.

Posteriormente, EL PAÍS publicó la noticia de la puesta en libertad del acusado, un extenso informe en la sección Vida y Artes sobre el injusto acoso mediático del que había sido sido víctima y un editorial muy crítico con el comportamiento de los medios. Y si bien es cierto que el primer día publicó la fotografía de Efe, con un primer plano en la portada del segundo bloque del diario, en días posteriores evitó reproducir esa imagen para no contribuir al ensañamiento. Los lectores que comparen varios medios podrán observar la diferencia.

Pero no todos lo hacen, y si el balance global es muy negativo, crece el desasosiego entre los lectores, como he podido comprobar en las cartas recibidas.

"El veneno que recibimos los lectores es casi mortal", dice Milton Ortiz, desde Houston (Tejas), comentando el editorial que se publicó el miércoles con el título Culpable inocente. "La competencia entre los medios por generar oferta se parece, cada día más, a los productos que vienen de Asia noroccidental, baratos pero malos. La necesidad de atrapar audiencia desvirtúa el buen hacer", escribe. En aras a esa competencia, sostiene, algunos medios distorsionan, exageran y mienten si es preciso. Y por supuesto enjuician y condenan, añade. "El editorial de hoy sobre el tema es cierto, pero no cabe olvidar que su periódico estuvo en la ruleta".

A ello se refiere también Amando Vega: "Leo el interesante editorial de hoy, donde se reconocen también fallos en la profesión periodística, que, tan crítica con quienes desempeñan otras actividades con repercusión pública, tiene en este desdichado episodio una muestra del desastre a que puede conducir la ligereza a la hora de medir las consecuencias de lo que se dice o escribe". El lector está de acuerdo con el editorial, pero subraya que después de la puesta en libertad, y mientras hacían autocrítica, los medios seguía el acoso. "¿Hasta dónde llega su coherencia?", pregunta; "creo que el negocio mediático se alimenta también de la propia basura que genera, adornado con su compromiso con la información objetiva y la defensa de los derechos de las personas. Como dice Mario Benedetti, todo cabe bajo la ética de amplio espectro".

Una lectora, Beatriz López Fernández, médico de familia, se anticipa y nos escribe para pedir que no caigamos ahora en un nuevo linchamiento mediático, el de los médicos que han intervenido en el caso. "En ocasiones", escribe Antonio María Infante, de Madrid, "me he preguntado cuál debería ser el mejor procedimiento de control ante el abuso, o parcialidad, de los medios de comunicación. Alguna vez me ha pasado por la imaginación la promoción de asociaciones de lectores, o de televidentes. Una buena alternativa es la autorregulación. Pero, sobre todo en el caso de la televisión, está claro que no siempre funciona. Tal vez sería necesaria la promoción de esas asociaciones de consumidores... Pero para ello sería necesaria una sociedad civil mucho más activa". A este lector le preocupa "lo fácil que resulta (...) que los medios actúen como vanguardia de linchamientos. Desde mi punto de vista, y reiterando que creo que no se trata de un pecado habitual de EL PAÍS, está claro que la prensa más profesional debe huir de ese papel".

La facilidad con la que el conjunto de los medios cae una y otra vez en exageraciones por las que luego tiene que pedir disculpas plantea la necesidad de encontrar mecanismos que eviten la repetición de los mismos defectos. Está claro que si se extiende la idea de que "todos son igual", todos perdemos. Es lo que podríamos denominar el efecto villano. Un descrédito general que merma la confianza. La industria farmacéutica que trabaja de forma rigurosa y con responsabilidad social, que la hay, sabe mucho de las consecuencias de este fenómeno.

La tendencia general al amarillismo no sólo extiende a todos los medios el efecto villano. Afecta también de otras formas más sutiles: si el contexto general es de una tolerancia cada vez mayor hacia el sensacionalismo y la espectacularidad, si eso es lo que predomina, ¿no acabará eso condicionando de algún modo las decisiones de los diarios serios? ¿No se primarán los temas más espectaculares y se buscarán los titulares más impactantes para llamar la atención de unos lectores cada vez más saturados de estímulos impactantes? Defender el rigor exige tratar de mejorar también el ecosistema.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

EL PODER DE LOS MEDIOS DE COMUNICACION


PRISMA

Por Mario Ugalde C.
Subdirector Diario extra
mugalde@diarioextra.com

Dentro del análisis del poder que ejercemos los medios de comunicación, en medio de una sociedad de consumo y decadencia, debe plantearse un examen centrado y minucioso, entre la ética moral y espiritual de la sociedad moderna, y la ética que debe regir a los medios de comunicación y sobre todo a los comunicadores.

Esto pone de manifiesto la brecha existente entre los comunicadores que ejercen irresponsablemente su profesión y los que se esmeran por llegar a la verdad para ejercer su derecho de informar y formar una sociedad con base al principio fundamental de la ética moral y espiritual: La verdad.

Por eso se debe presentar la tesis del rol de los medios de comunicación, no como tradicionalmente se le ha catalogado como un “cuarto poder”, sino que, por su trascendencia los medios constituyen un poder primario, por tanto su responsabilidad es primaria. Indiscutiblemente, éste es un poder ejercido sobre la conducta de los diferentes grupos sociales, y de manera especial sobre sectores políticos y económicos.
La idea de este comentario es establecer pautas que cambien nuestra mentalidad como comunicadores, de tal forma que estemos en capacidad de trabajar en pro de la transformación que requiere nuestra sociedad.

Debemos tener claro que la sociedad actual es tremendamente influenciada por los medios de comunicación. El mensaje de un medio es una semilla poderosa y multiplicante, que en segundos abraza a enormes masas de personas de todos los sexos y grupos. En palabras más sencillas, lo que publica un medio es repetido por cientos de personas, por eso siempre debe ser la verdad... y nada más que la verdad, aunque a muchos les incomode.

Por eso es importante que, tanto comunicadores como medios de comunicación reflexionemos, para que mediante nuestro trabajo responsable sea posible establecer nuevas proyecciones sociales, partiendo del principio de que todo ser humano tiene un valor especial e incalculable.

Los comunicadores y los medios de comunicación pueden y deben desempeñar un papel protagónico de información y formación de la sociedad costarricense. Son los medios y los comunicadores honestos quienes pueden ayudar con eficiencia en la labor de levantar a la sociedad del estado de postración y frustración en que se encuentra, insertando nuevos y buenos valores que nos permitan vivir en verdadera paz y tranquilidad.

Los amigos lectores saben que DIARIO EXTRA se ha caracterizado por dar apertura amplia a todas las líneas de pensamiento de los costarricenses, sean personajes políticos de partidos grandes o pequeños, por eso ahora que estamos en la recta final para elegir al próximo presidente o presidenta, mantendremos la misma línea editorial, brindándole espacio a todos, porque en eso consiste la democracia.

miércoles, 7 de octubre de 2009

¿Solidaridad de la prensa amarillista con la víctima?

Parece que lo único que interesa a la “ética” de este tipo de periodismo es la obtención de una noticia lo más espectacular posible, sin importar las consecuencias para la víctima y sus allegados.


Por Javier Llobet, Catedrático de la UCR

“Hay preocupación solamente por los derechos humanos de los imputados, pero no por los de las víctimas”, es una frase que se repite constantemente por la prensa amarillista. Sin embargo, la solidaridad de esta prensa con las víctimas no es coherente y más bien parece ser un “eslogan” que pretende simplemente lograr una mayor venta de periódicos y una mayor audiencia televisiva.

En efecto, la prensa amarillista, lejos de tener una preocupación por las víctimas, hace una instrumentalización de estas, totalmente insensible a su dolor. Todos los días vemos fotografías en algunos periódicos, o bien filmaciones en noticieros de televisión, que exponen a las víctimas en situaciones en que nadie querría ser presentado por los medios de comunicación. Se muestra así, sin ningún reparo, las heridas de las víctimas mientras son trasladadas en camilla a un hospital en una situación lamentable, incluyendo a personas menores de edad, en contra de lo establecido por el Código de la Niñez y la Adolescencia.

Sin preocupación alguna por el dolor de los familiares, se fotografía y se filma a las víctimas de un homicidio mientras sus cuerpos yacen en la vía pública. No faltan casos en que cuando una víctima es trasladada en camilla, el periodista le pone el micrófono y le pregunta “¿cómo se siente?”. Luego viene el acoso a los familiares; no respetándose el dolor que los embarga, se les hacen preguntas cuya respuesta es obvia como, por ejemplo: “qué siente por el hecho de que haya muerto su familiar”, realizándose un interrogatorio manipulado, tendiente a que se reclame venganza.
Se llevará a cabo también una investigación tendiente a satisfacer el “morbo” público, tratando de obtener datos que ojalá permitan cuestionar la vida privada de la víctima e incrementen el interés del público en la noticia. Esto ocurre, por ejemplo, en asuntos de trata de personas. Igualmente sucede cuando ocurre un homicidio en una casa de habitación y se formula la hipótesis de que el homicida es un conocido de la persona muerta. También se refleja cuando ocurre un homicidio en un contexto de violencia doméstica, de modo que se otorga un gran espacio a la versión del homicida y a los cuestionamientos que hace de la víctima, lo cual constituye una continuación de la agresión doméstica, que en ocasiones no deja en paz a la víctima ni siquiera después de muerta.

Parece que lo único que interesa a la “ética” de este tipo de periodismo es la obtención de una noticia lo más espectacular posible, sin importar las consecuencias para la víctima y sus allegados. Bien se haría si el Colegio de Periodistas organizara un cineforo con la película peruana-española Tinta Roja . Tal vez los periodistas, viéndose en el espejo de los reporteros en dicha película, tomen un poco de consciencia sobre los errores en su proceder y se decidan de una vez por todas a solidarizarse realmente con las víctimas.

lunes, 28 de septiembre de 2009

El control político de la prensa

Por: Rubén Hernández

Ya es hora de que los medios de prensa asuman su cuota de responsabilidad.


En la sociedad moderna, junto a sus funciones de informar y formar opinión, la prensa desempeña un tercer papel de gran trascendencia dentro de los regímenes democráticos: el control político de los gobernantes.

La mejor ilustración de esa función de la prensa la encontramos en el célebre caso Watergate , que produjo un terremoto en el ámbito político estadounidense y obligó al entonces presidente Nixon a renunciar a su cargo. Algo que hasta entonces parecía insólito y solo posible en países del tercer mundo.

En Costa Rica, tenemos dos ejemplos recientes en que el papel de la prensa fue decisivo para desenmarañar dos sonados casos de corrupción: Fischel-CCSS y Alcatel- ICE, ambos terminados ante los estrados judiciales.

Límites. Sin embargo, esta función de control político de la prensa tiene sus límites, como el ejercicio de cualquier derecho fundamental. So pretexto de informar y ejercer control sobre los funcionarios públicos de turno, la prensa no puede lanzar cargos sin fundamento, condenar de antemano y luego, en los casos en que los funcionarios resulten exonerados por las autoridades administrativas o judiciales competentes, guardar silencio o no admitir que se equivocaron. Este pecado de omisión es tan grave como el que cometen los funcionarios públicos que actúan al margen del ordenamiento jurídico.

Desgraciadamente, en los últimos tiempos estamos viviendo este fenómeno en nuestro país, en que los órganos de prensa –escrita y televisada especialmente– levantan cargos contra funcionarios públicos, los condenan de antemano, y luego estos son exonerados de los cargos levantados en su contra por la prensa, de toda responsabilidad por los órganos administrativos o judiciales competentes.

Sin embargo, los acusadores no se retractan de su error y tratan de desviar la atención del público sobre aspectos secundarios de la resolución exonerativa de culpabilidad, con lo cual dejan sembrada la duda acerca del actuar del funcionario exonerado de toda responsabilidad.

Responsabilidad. Ya es hora de que los medios de prensa asuman la cuota de responsabilidad que les corresponde, pues la deslegitimación cotidiana de los funcionarios públicos, a quienes se sataniza como corruptos por simples errores de omisión administrativa, crea un gran perjuicio al sistema democrático, el cual se va erosionando cada día en la mente de los ciudadanos. Luego esos mismos medios se quejan de que el costarricense no cree en nuestro régimen democrático, cuando ellos mismos han sido los culpables de crear esa deslegitimación.

Con esa actitud irreflexiva y prepotente de no admitir sus propios errores, lo único que hacen es crear el caldo de cultivo para que cualquier demagogo, tipo Chávez, Ortega o Correa, pueda venir el día de mañana a tomar el poder porque los políticos demócratas son todos unos corruptos.

Nota:
Este artículo fue publicado en la página 15 del periódico La Nación el 26-09-09