lunes, 7 de junio de 2010

La ética de la prensa: un valor democrático esencial

Por: Ana Virginia Calzada, Magistrada
La libertad de prensa tiene, como parte de su contenido, una dimensión social evidente, que consiste en el derecho de las personas a recibir una información adecuada y oportuna (no manipulada), que excluya la posibilidad de ejercer esta libertad en forma contraria a fines legítimos del sistema o que, a su vez, lesione intereses igualmente legítimos de este.


La legitimidad de la prensa para cuestionar funcionarios públicos y la necesidad de que existan este tipo de controles democráticos, es algo que he defendido como magistrada de la Sala Constitucional, durante toda mi carrera. Incluso para reconocer la doctrina de la “posición preferente” de este derecho frente al derecho al honor de la persona, en caso de colisión, como mecanismo de sano control democrático del ejercicio del poder.

Naturalmente que esta posición no cambia si la persona cuestionada soy yo o alguien cercano a mí. Tengo muy claro que mi posición como funcionaria pública y miembro de los supremos poderes, justifica un escrutinio agudo y permanente de la ciudadanía y lo he asumido así durante toda mi carrera como jueza.

Verdades a medias. Este artículo que escribo no lo hago para reclamar el hecho de que se me cuestione, sino para demandar la elemental ética periodística a la hora de hacer ese escrutinio. El poner “verdades a medias”, acomodar títulos y no tener el más elemental equilibrio a la hora de informar, es un periodismo que lejos de resultar constructivo para la democracia, es un barato ejercicio abusivo del poder disfrazado bajo el halo del derecho.

La libertad de prensa tiene, como parte de su contenido, una dimensión social evidente, que consiste en el derecho de las personas a recibir una información adecuada y oportuna (no manipulada), que excluya la posibilidad de ejercer esta libertad en forma contraria a fines legítimos del sistema o que, a su vez, lesione intereses igualmente legítimos de este. En ese sentido la llamada “posición preferente”, vale solo en tanto y en cuanto no se utilice como mecanismo para manipular o desinformar a las personas o las masas, objetivo que sería tan contrario para los fines de la democracia, como la censura misma.

Ya lo señaló la Sala Constitucional en su jurisprudencia, que los medios de comunicación social, como detentadores del poder frente al ciudadano, no están exentos de límites porque existe el deber de proteger a la persona de otros sujetos particulares que tienen una relación de poder –como la prensa– con respecto al ciudadano, y como cualquier ejercicio del poder, sin límites se convierte en un ejercicio arbitrario.

Según ha reconocido también, las normas deben impedir que un funcionario público pueda demandar a un medio de comunicación o a un particular por daños causados por una difamación falsa relativa a su comportamiento oficial, excepto que se pruebe con claridad convincente que la expresión se hizo con malicia real, es decir, con conocimiento de que era falsa o con indiferente desconsideración de si era o no falsa. Esta salvedad que se hace es indispensable frente a la obligación del Estado de proteger la dignidad reputación y honra de las personas y más aún dentro de la obligación que tiene de velar porque el mal uso o desvío de esta libertad no se utilice para violar fines igualmente esenciales del sistema democrático.

Lo que se ha dado en mi caso con la divulgación de la noticia “Esposo de alta magistrada dirige consultoría en el Poder Judicial”, es esto último. Se trata de la negligencia y mala intención que utiliza el ropaje de una libertad sagrada como es la de prensa, para rebajarla por carencias éticas de quienes laboran en una noticia en un momento determinado. Algunos llaman esto “periodismo amateur”, yo lo llamo como es: “mala fe”, en el menor de los casos, negligencia.

La responsabilidad social y la ética de algunos periodistas ha cedido a titulares para la venta o la sed de premios o intereses personales de algunos de sus nuevos “profesionales”. El resultado de esto es que no seremos las autoridades de turno en esta “ruleta rusa” de este nuevo maquiavelismo, las únicas víctimas, sino la institucionalidad misma. Cuando en este afán de este “nuevo periodismo” no quede santo con cabeza, tendremos una sociedad en la que nadie cree en nadie, donde nos han robado la confianza en las autoridades políticas y peor aún la esperanza en la democracia.

El periodista que me entrevistó, Ronny Rojas, me reconoció por teléfono que todas las personas que había entrevistado le habían manifestado que yo no tenía nada que ver en el tema de la contratación de Indra. Tenía a mano la información que demostraba que mi esposo no entraba en ninguna de las incompatibilidades que señala la Ley y, peor aún, que yo no había participado en ninguna de las etapas del proceso de elaboración, aprobación o de su ejecución.

También le manifesté que no he influido de forma alguna para que la empresa Indra lo contrate, ni menos para que esta empresa resulte adjudicada en el empréstito. El periodista se entrevistó con jefes de los equipos contraparte (Defensa Pública y Ministerio Público) y estos manifestaron que no existía ninguna incompatibilidad legal.

Ignoró todo eso, para tendenciosamente fabricar un titular y noticia que pusiera duda sobre la legalidad de lo actuado, manchando innecesariamente mi honor y el de mi esposo, con gran daño moral para nosotros y en particular mi madre y mis hijas y la credibilidad del sistema judicial.

Ninguna ilegalidad. A este momento, la Auditoría Judicial no ha encontrado ilegalidad en ese cuestionamiento, la contratación pasó por todas las instancias legales y controles externos e internos de la institución.

Al final quedará claro que el cuestionamiento levantado fue innecesario y que la información la tenía a mano el periodista desde un principio. El daño irreparable queda para mi honor y el de mi familia. Luego llegará otra víctima de turno que se saque la rifa del momento.

Sin duda alguna la herida de muerte de este “nuevo estilo de hacer noticia”, es la sociedad, que hereda un ambiente de liderazgo incapaz de construir, básicamente en un “canibalismo” impulsado por fines materialistas y vanidades personales mediáticas, que han cedido a aquella prensa con valores, que resultaba edificante y educativa para la sociedad.

El desenlace será el que ya exhiben otros países de América Latina. Cuando no quede santo con cabeza, llega un payaso cautivador y manipulador de masas que cosecha todo esto, en ese afán del pueblo de creer desesperadamente en lo que sea, así sea el primer tonto manipulador que los cautive.

Estimado ciudadano, tengo más de veinte años de ser jueza, sin ningún cuestionamiento ético, he trabajado con mucho sacrificio y dedicación para forjar un futuro para mis hijos y mi país que tanto amo. Esa es mi carta de presentación de una vida entera. Rendiré cuentas adonde sea necesario por respeto a ustedes y mi familia, que tienen derecho a saber que, aunque nos quieran robar la fe y esperanza en la decencia en la función pública, todavía queda gente decente y honorable. Yo andaré con la conciencia tranquila y la frente en alto como me enseñaron mis padres.
Solo les pido, mientras tanto, el beneficio de la duda para que las autoridades correspondientes confirmen lo que ya el periodista sabía de antemano, que no solo no existe la incompatibilidad legal señalada, sino que yo no he mediado ni influido en forma alguna en este asunto.

Tomado del Periódico La Nación del 07-06-10

miércoles, 12 de mayo de 2010

Periodismo sensacionalista


Por: Luis Montoya Salas
Comunicólogo


“Del periodismo se sale como de un prostíbulo”. “Todas esas publicaciones alimentan la ignorancia de quienes hablan sin conocer”. “¿Qué es un periódico? Una obra efímera y sin mérito ni utilidad, cuya lectura sólo sirve para darle a las mujeres y a los tontos, vanidad sin instrucción” (P. Albert Histoire de la presse. P.15)


Estas sentencias de Baudelaire, Diderot y Voltaire acuñadas en la Francia del siglo XVIII también apuntan hacia la prensa “light”, sensacionalista del siglo XXI.

El periodismo sería tan antiguo como el ágora griega, las actas publica y diurna, romanas; o tan sui generis, como las crónicas cantadas por los trovadores de la Edad Media, ancestros en línea directa del “periodismo” espectacular y del corazón. Estos serían también, algo así como los primeros corresponsales de guerra, pues viajan de pueblo en pueblo “socializando” las hazañas guerreras de los nobles cruzados empeñados en convertir al cristianismo a los “infieles” del Oriente Próximo. ¡A espada y fuego! Así, satisfaciendo la insaciable y primitiva curiosidad de la plebe, los “pseudo periodistas” de entonces convierten en ídolos, a sus amos.

En Occidente, el periódico aparece con el siglo XV, al tiempo que emergía el Renacimiento; la Reforma protestante amenaza los cimientos del poder eclesiástico, gracias a la divulgación masiva de la Biblia, impresa en la imprenta de Gutenberg; bullían los descubrimientos científicos; los viajes exploratorios a nuevos continentes enfrentaban a naciones enteras; se construían los nuevos estados modernos, acompañados del progreso en los intercambios bancarios y comerciales.

En esta vorágine de acontecimientos se publican periódicos de contenido económico, político, satírico-humorístico . Y resulta curioso, el nacimiento de la prensa llamada popular. Como un artilugio para evadir el impuesto que el Estado cobra a los periódicos de carácter político, se publican los “ecos” y chismes de vedetes y figuras públicas, con el estilo de crónica. Se incluyen segmentos por entregas periódicas de novelas famosas e historias -rosa (antecedentes de las telenovelas) que obtienen, de inmediato, la aceptación del público.

Empieza entonces, a dibujarse, una fuerte diferencia entre la prensa especializada de calidad en formato revista principalmente, dirigida a un público selecto, más educado, con mayor poder adquisitivo y decisor y una prensa popular más rentable; y por tanto, más emocional, doméstica, simplista, llamativa y barata, gracias al financiamiento de la publicidad.

El periodismo popular (por oposición al periodismo especializado y científico) constituye un fenómeno universal. Aunque evolucionó, de acuerdo con las estructuras económicas, las organizaciones sociales, el nivel educativo y cultural y los preceptos morales y religiosos, tanto como los conceptos de libertad de expresión en cada nación, hasta determinar los contenidos, funciones y orientación de sus correspondientes medios de difusión colectiva.

La primitiva tendencia de privilegiar lo emocional a lo racional cartesiano, acompañada de la insaciable necesidad del ser humano por saber, han cumplido un papel de primer orden en el auge de la rama periodística-empresarial del entretenimiento.

Pero tal fenómeno no surtiría efecto sin un lenguaje (impreso, radiofónico y televisual) sencillo, directo, claro, breve, conciso, provocador, atractivo, original y atrevido, de cara a las rígidas convenciones que sujetan nuestra cotidianidad.

En Costa Rica, el periodismo de evasión, popular y sensacionalista consolidó su notable éxito económico a lo largo de las últimas tres décadas del siglo XX. En este sentido, sólo siguió los patrones consumistas de los países occidentales, en correspondencia con el complejo aumento de las exigencias cotidianas de una sociedad cada vez más competitiva.

Hoy resulta imposible oponerse a su existencia; menos aún, negar su necesidad social, como sostienen diferentes investigadores liderados por el francés Jean Stöetzel.

No obstante, hay quienes se preguntan, si tal y como ocurre en los demás colegios profesionales con la fiscalización del ejercicio profesional de sus miembros, el Colegio de Periodistas juega algún rol en el control de calidad del desempeño ético profesional aplicado a las noticias en general y al sensacionalismo periodístico, en particular.

En asunto de tal magnitud, hace 15 años la Sala IV declaró inconstitucional, mediante el fallo 2313-95, la obligatoriedad de colegiarse para “ejercer el derecho de buscar, recibir y difundir información” (artículo 13 del Pacto de San José).

Pero la ley sí obliga al Colegio de Periodistas a repensar el aporte del periodismo profesional (naturaleza, características, contenidos y estructura) con su conjunto de herramientas técnicas y conceptuales para facilitar a los ciudadanos la detección, por ejemplo, de las estrategias persuasivas y disuasivas del sensacionalismo, dirigidas (creo yo), a ocuparnos en preocuparnos por sentir, vivir y sufrir las vidas amplificadas de “otros”; al tiempo que nos desvía de las pistas elementales para comprender parte esencial de nuestra propia, personal e íntima verdad, según creo yo: “Trabajando y viviendo honestamente para ganarnos el pan nuestro de cada día en el anonimato cotidiano, hacemos, como personas individuales, el mayor aporte en la construcción del simbólico y eterno monumento que es la raza humana”. (analogonluis@yahoo.es)

miércoles, 10 de marzo de 2010

Libertad de prensa ¿o libertinaje?


Por: Oscar Sierra Quintero

El problema que enfrenta el periodismo moderno es el mismo que enfrentan todas las instituciones que han caído bajo el alero de ese mercantilismo extremo, propio de la sociedad globalizada del siglo XXI, en el que el poderoso caballero don dinero se puso muy por encima de los verdaderos valores humanos.

Así como vemos periódicos que no informan sino que, por el contrario, desinforman y manipulan (o dañan reputaciones, como bien lo anota el amigo Ricardo Vilchez en su articulo publicado en esta misma página titulado; Reglamentar los medios de comunicación y la Prensa),http://porunaprensamashumanayobjetiva.blogspot.com/2009/08/eglamentar-los-medios-de-comunicacion-y.html de la misma forma vemos ahora universidades que no enseñan, abogados que no defienden el estado de derecho (por el contrario, violan las leyes o atropellan al humilde que no se puede defender), médicos que no mejoran el estado de salud (para mantener al "cliente" en su consulta), medicamentos que no curan si no que solo alivian (igualmente, para mantener al "cliente" comprando el fármaco), productos que se dañan al poco tiempo de adquiridos... y paremos de contar.

Este mercantilismo extremo de cuantificarlo todo bajo el signo del $ ha permeado incluso (y esto es lo mas grave) el ámbito de las relaciones humanas, de forma tal que ya en la "civilizada" sociedad del siglo XXI se tabula el valor de alguien por el auto que tiene o por el tamaño de su cuenta bancaria, antes que por sus valores personales, sus virtudes humanísticas o sus conocimientos.

En el caso de la prensa, esta devino, de un imprescindible "cuarto poder" (efectivo ojo avizor de la sociedad), en un sistema mercantilista, la mayoría de las veces prostituido y banal que, mas que informar o culturizar al público, lo que busca es lograr un buen "rating" (si hablamos de la TV y la radio) o una masiva venta de ejemplares (si nos referimos a la prensa escrita. Y para lograr ese objetivo no importan ya los medios que se hayan de utilizar para captar la atención de las masas, por más burdos, vulgares o chabacanos que sean. Y caemos aquí en un decadente círculo vicioso en el cual, en lugar de que los medios masivos eleven el nivel cultural y espiritual de la población, se ponen por el contrario, al servicio de sus más bajos instintos, con la excusa de que "eso es lo que vende".

A ese callejón sin salida nos llevó ese "capitalismo salvaje" denunciado en su momento por el difunto Juan Pablo II. El sistema unipolar que se impuso en el planeta tras el derrumbe de la URSS hace casi dos décadas, nos vendió la idea, a tirios y troyanos, de que cualquier forma de regulación por parte de la legislación estatal era un atentado contra la "libertad de expresión" (en el caso de la prensa mercantilista) o una limitación "a la libertad de comercio" por parte de los grandes empresarios y transnacionales. Y la sociedad sin duda mordió el anzuelo al dejarse confundir con las falacias de los dueños del gran poder económico cuando nos convencieron que "libertinaje" era lo mismo que "Libertad". Que había que reducir el tamaño del "estado interventor" y permitir el saqueo de todo el planeta por la libre y sin ningún tipo de regulaciones, privatizando hasta el aire que se respira, si eso fuera posible. Actitudes tan extremas y maniqueas llevaron, a la zaga, al descalabro económico de una superpotencia como los EE.UU.

Una prensa mercantilizada que no busca informar sino vender vulgaridad y banalidades, pondrá el grito en el cielo, invocando a la sacrosanta "libertad de expresión" (como ellos la entienden, obviamente) cada vez que determinado estado o gobernante insinúe siquiera una regulación o una reglamentación sobre lo que se puede mostrar masivamente al público y lo que no. Con respecto a esto último, remitámonos al sector de la población más vulnerable a ser fácilmente influenciado por no tener aún formados criterios muy sólidos que le permitan discernir lo posito de lo negativo, como son los niños y adolescentes

Llegados a este punto, nos vemos en la disyuntiva que nos lleva a analizar cual de las dos "libertades" tendría mayor peso a fin de cuentas, en este debate: si la del empresario de la prensa que decide él mismo y según sus propios intereses, qué publicar y qué no en el medio de "su propiedad", aunque ello esté afectando la ética y la moral de la sociedad, o la LIBERTAD del ciudadano medio que tiene el derecho de educar a sus hijos bajo los parámetros de una ética y unos valores que lleven a una formación integral del ser, sin las perniciosas influencias y malos ejemplos que se ven constantemente en la omnipresente televisión, la prensa escrita y aún en el cine, la música y los video juegos.

Una vieja y sabia frase esclarece la confusión que se ha establecido entre "libertad" y "libertinaje": TU LIBERTAD DE ESTIRAR LA MANO, TERMINA DONDE EMPIEZA MI NARIZ".

Víctima de información parcializada

Por:María Laura Víquez P., Estudiante

Fui víctima de los agresores, víctima de la justicia lenta y ahora víctima de La Nación


El viernes 5 de marzo del 2010, en la página 16 A de Sucesos se publicó en tres cuartos de página la información titulada: “Mala valoración de prueba salvó a karateca de la cárcel”, acompaña del pretítulo “Casación anuló pena de 20 años por violación”. Dicha información es complementada con dos significativas frases: “Fallo violentó el principio de inocencia del principal imputado” y “Casación advirtió que víctima obvió información clave en su testimonio”.

La información contenida en la nota, a todas luces, no es equilibrada y asombra por su fuerte parcialización en favor de los acusados. Se centró única y exclusivamente en las razones por las que el caso fue anulado por el Tribunal de Casación Penal y dejó de lado importantísimos aspectos, con el claro afán de perjudicarme.

Omisiones. Un primer elemento para dicha afirmación es que omite por completo los argumentos del Tribunal de Casación Penal, mediante los cuales se declararon con lugar los recursos de casación planteados por la ofendida.

Sorprende que en un asunto tan delicado, en el que debería primar el derecho de protección a la víctima, este periódico, por el contrario se atreve a revictimizar a una mujer que decidió enfrentar el poder económico, el matonismo y los estereotipos sociales para encontrar justicia a través de la verdad.

La resolución 2009-1423, del 18 de diciembre del 2009, del Tribunal de Casación Penal del Segundo Circuito Judicial de San José, no le pone fin a este proceso, como se quiere dar a entender en la nota aludida. Basta con observar que el verbo “salvar”, empleado en el título, está en pasado, con lo que da por descontado que eso no cambiará en el nuevo juicio que el Tribunal tiene que convocar.

Es cierto que la resolución acredita algunas inconsistencias en la forma en que se valoró la prueba en lo que respecta a uno de los imputados, aspecto de responsabilidad exclusiva del Tribunal sentenciador, pero también manifestó, en relación con él: “esta cámara en nada prejuzga sobre el caso y es amplia en señalar, que la ebriedad o el compartir con otra persona, no constituye en sí mismo, un elemento que defina si una relación sexual posterior es voluntaria o forzada, eso ha de valorarse en cada caso particular'”.

Sorprende de nuevo que en la citada nota un elemento tan importante se haya omitido. ¡Error, descuido o mala fe!

Incluso en el párrafo cuarto, de la primera columna del texto, el periodista, o el autor de la nota, de una manera sutil, pero escandalosamente parcializada, en siete líneas pone en duda la agresión que sufrió la víctima: “Durante el debate, las partes discutieron a fondo si lo ocurrido aquella noche del 12 de diciembre del 2004 en las afueras del bar Bokaos (en Santa Ana, San José) fue un ataque sexual o una relación consentida”.

Esa misma sentencia acoge y anula el pronunciamiento penal y civil que absuelve a los encartados Mauricio Alvarado Prada y Sergio Espinoza Baviera –pariente del periodista Armando Mayorga– y manifiesta que “llevan razón las partes en sus reclamos en el fallo se hace una valoración de prueba, especialmente de la declaración de la víctima, que por un lado le parece totalmente clara y contundente al tribunal para sustentar la sentencia condenatoria, pero por otro lado se le niega credibilidad para determinar lo ocurrido respecto de los otros imputados, pese a que, como bien lo alega el Ministerio Fiscal, la ofendida sí describe a los imputados y los identifica”.

Es decir, que los tres acusados serán de nuevo juzgados, aspecto que es de suma relevancia, el cual, sin embargo, se cita de forma marginal al final de la nota. ¿Estamos en presencia de una información periodística o de una defensa pública de los acusados?

Manifiesta el Tribunal de Casación, en protección de los derechos de imputación criminal de la víctima contra sus agresores, que “es un tanto endeble sostener la absolutoria en la falta de precisión, pues la víctima identifica plenamente los sujetos y sus acciones”. Este aspecto, que le habría dado un ligero equilibrio a la información, también es omitido.

Evidentemente, el fallo respetó el principio de acceso a la justicia de la víctima, pues le garantiza el tratar de obtener una sentencia en contra de los tres agresores que logró identificar plenamente. Dicho aspecto le pareció irrelevante al autor de la nota, la que más bien da una sensación de triunfo, dado que en el título a dos columnas se afirma que el condenado en una primera instancia se “salvó” “por mala valoración de la prueba”, como recalca, una y otra vez, la información.

Como vemos, el maravilloso juego de las omisiones tiene la magia de negar el equilibrio informativo, aspecto fundamental en una nota periodística, esta vez fue pisoteado a lo largo y ancho del texto, generando una inaudita revictimización mediática.

El silencio de este periódico durante varias semanas de debate, y la presencia constante del periodista Armando Mayorga –solidario con su pariente acusado– en la sala de juicios del Tribunal de Pavas, dejan clara la actuación particular de este medio, en diciembre y en marzo. Y así será cuando el juicio se vuelva a realizar y se haga justicia.

lunes, 11 de enero de 2010

Enmiendas


Por: Pedro Oller
Martes 5 de Enero,2010
Diario La República
El periodismo hoy por hoy es un servicio a cambio de dinero o bienes. Como lo es el de abogado —que practico— o el de médico. Lo que nos diferencia es la relación perjuicio/beneficio que, en los dos últimos casos no corresponde a favor alguno para nadie más que no sea el desvalido (quiero creer).


Para la revista Time, el personaje del año es Ben Bernanke. Dice su editor: “La recesión ha sido el tema del año. Sin Bernanke hubiera sido mucho peor”. Para Le Monde, Luiz Inácio Lula da Silva, porque “a ojos de todos, encarna el renacimiento (...) de un gigante”. El País concuerda. Para El Financiero, Analía Elizondo, quien levantó El Angel después de Cinchona merece reconocimiento.

Ya hizo bien don Alvaro Madrigal en denunciar, por espuria, la designación de un corruptor como Personaje del Año por un periódico. Un Santa Claus moderno, no solo por lo que admite haber repartido sino porque en Multiplaza le vi el 21, cargado de bolsas de regalos destinados a quién sabe quién.

Lo mío va por otro sendero. ¿Cómo poder enmendar el amarillismo y la corrupción que invaden por igual al Quinto Poder —la prensa— que a los otros cuatro poderes sin reparo? Todos.

La prensa señala duras críticas al Ejecutivo, al Legislativo, al Judicial y al Electoral. Se catapulta con base en imputaciones —a veces anónimas, otras implicadas— para validar su información. Se vale del contexto en declaraciones de lo absurdo para vender.

Obvia con demasiada crudeza el balance noticiario por el balance contable. Aprovecha circunstancias, ocurrencias, también males y descomposición para denunciar y vender. ¿Y quién les llama a cuenta? Nadie.

Primero por miedo. Entendidos que el poder de la prensa es inenarrable en nuestro país y en este momento.
Segundo porque eso de que “más vale que hablen de uno (…)” ha sido un paradigma impulsado por los mismos medios en detrimento del ser humano: Escandalizar, vilipendiar, abusar y finalmente condenar son oficios impropios de la función periodística.
Tercero, porque sin necesidad de embaucar a quien razona,el periodismo hoy por hoy es un servicio a cambio de dinero o bienes. Como lo es el de abogado —que practico— o el de médico. Lo que nos diferencia es la relación perjuicio/beneficio que, en los dos últimos casos no corresponde a favor alguno para nadie más que no sea el desvalido (quiero creer).

Vivimos de esta realidad y somos víctimas en potencia o, en su defecto y en aras de enaltecer lo burdo, personajes que ataviarán un titular o una edición especial.
Más, y vale preguntarse, ¿queremos el protagonismo, nos dejamos o lo permitimos? Seguimos siendo dueños del ser humano que ocupamos.

Arrancamos un año nuevo. Lleno de esperanza y de oportunidad de hacer las enmiendas que correspondan. Hagamos el propio por una de ellas y, de forma contundente, demandemos que el periodismo amarillista desaparezca y que se enaltezca esta función y poder que requerimos y exigimos de forma responsable.

Seguiremos escribiendo por aquí no solo mientras me aguanten, sino también, en el tanto ahuyenten el sensacionalismo empresarial.

Feliz Año para todos.

lunes, 7 de diciembre de 2009

El 'efecto villano' del sensacionalismo

Por: MILAGROS PÉREZ OLIVA
El País, España,06-12-09

Los medios han entonado un mea culpa colectivo y las asociaciones de la prensa y colegios profesionales han insistido en la necesidad de adoptar códigos y normas de autorregulación.

Que una persona inocente y agredida por los medios de comunicación hasta límites intolerables tenga que dejar Tenerife para eludir la presión que los medios de comunicación siguen ejerciendo en la puerta de su casa debería hacernos reflexionar sobre los límites de nuestra profesión. Ni siquiera cuando ya ha quedado claro que es inocente, el ensañamiento mediático ha cesado. Una cadena de errores médicos y policiales llevó a la detención de este joven, acusado de la muerte de una niña de tres años, hija de su compañera sentimental. El acusado pudo ser fotografiado durante la detención y un primer plano de la fotografía tomada por la agencia Efe fue reproducida en casi todos los diarios, e incluso uno de ellos, que habitualmente no lleva los sucesos a su portada, la reprodujo en primera página con esta leyenda: "La mirada del asesino de una niña de tres años". La presunción de inocencia hecha añicos. Los medios ya le habían condenado. Muchos telespectadores pudieron ver también en televisión imágenes en las que reporteros ávidos de escenas impactantes jaleaban al público. ¿Qué tipo de periodismo es ése?

Los medios han entonado un mea culpa colectivo y las asociaciones de la prensa y colegios profesionales han insistido en la necesidad de adoptar códigos y normas de autorregulación. Una sana autocrítica..., hasta que surja un nuevo caso y de nuevo vuelvan a caer en los mismos excesos. De hecho, no hacía tanto del anterior mea culpa, a propósito del tratamiento de la desaparición de la adolescente sevillana Marta del Castillo, en enero pasado.

En muy poco tiempo los medios de comunicación han sido objeto de duras críticas en varias ocasiones y por asuntos muy diversos. La cobertura exagerada y alarmista de la gripe nueva y el seguimiento del secuestro del Alakrana son los más recientes. En todos estos casos, las críticas inciden en lo mismo: en la tendencia hacia el amarillismo y la exageración.

Desde la perspectiva de un diario de referencia como EL PAÍS, que considera el rigor y la seriedad sus principales señas de identidad, lo ocurrido plantea una reflexión de carácter general: ¿le afecta este ecosistema mediático cada vez más escorado hacia un tratamiento sensacionalista de la realidad? ¿De qué manera?

Por la correspondencia que he recibido a propósito de este caso, creo que sí. Nos afecta, en primer lugar, porque si se produce una erosión en la credibilidad de los medios en su conjunto, también se reduce la confianza en cada una de las partes que lo forman. Si crece la suspicacia respecto a lo que cuentan los medios, todos acabarán afectados, de un modo u otro, por la falta de confianza general. Incluso cuando, como ha ocurrido en este caso, la cobertura haya sido correcta. Creo que el diario EL PAÍS ha dado a este suceso un tratamiento ajustado y riguroso. En la primera crónica, el titular eradescriptivo y comedido: "Muere una niña de tres años con signos de maltrato". En el texto se indicaba que existía un informe médico sobre presuntos abusos y malos tratos, pero también que había dudas, pues otro informe descartaba tales lesiones. El corresponsal Juan Manuel Pardellas hacía un relato objetivo de lo ocurrido, incluidas las incertidumbres que el caso todavía presentaba.

Posteriormente, EL PAÍS publicó la noticia de la puesta en libertad del acusado, un extenso informe en la sección Vida y Artes sobre el injusto acoso mediático del que había sido sido víctima y un editorial muy crítico con el comportamiento de los medios. Y si bien es cierto que el primer día publicó la fotografía de Efe, con un primer plano en la portada del segundo bloque del diario, en días posteriores evitó reproducir esa imagen para no contribuir al ensañamiento. Los lectores que comparen varios medios podrán observar la diferencia.

Pero no todos lo hacen, y si el balance global es muy negativo, crece el desasosiego entre los lectores, como he podido comprobar en las cartas recibidas.

"El veneno que recibimos los lectores es casi mortal", dice Milton Ortiz, desde Houston (Tejas), comentando el editorial que se publicó el miércoles con el título Culpable inocente. "La competencia entre los medios por generar oferta se parece, cada día más, a los productos que vienen de Asia noroccidental, baratos pero malos. La necesidad de atrapar audiencia desvirtúa el buen hacer", escribe. En aras a esa competencia, sostiene, algunos medios distorsionan, exageran y mienten si es preciso. Y por supuesto enjuician y condenan, añade. "El editorial de hoy sobre el tema es cierto, pero no cabe olvidar que su periódico estuvo en la ruleta".

A ello se refiere también Amando Vega: "Leo el interesante editorial de hoy, donde se reconocen también fallos en la profesión periodística, que, tan crítica con quienes desempeñan otras actividades con repercusión pública, tiene en este desdichado episodio una muestra del desastre a que puede conducir la ligereza a la hora de medir las consecuencias de lo que se dice o escribe". El lector está de acuerdo con el editorial, pero subraya que después de la puesta en libertad, y mientras hacían autocrítica, los medios seguía el acoso. "¿Hasta dónde llega su coherencia?", pregunta; "creo que el negocio mediático se alimenta también de la propia basura que genera, adornado con su compromiso con la información objetiva y la defensa de los derechos de las personas. Como dice Mario Benedetti, todo cabe bajo la ética de amplio espectro".

Una lectora, Beatriz López Fernández, médico de familia, se anticipa y nos escribe para pedir que no caigamos ahora en un nuevo linchamiento mediático, el de los médicos que han intervenido en el caso. "En ocasiones", escribe Antonio María Infante, de Madrid, "me he preguntado cuál debería ser el mejor procedimiento de control ante el abuso, o parcialidad, de los medios de comunicación. Alguna vez me ha pasado por la imaginación la promoción de asociaciones de lectores, o de televidentes. Una buena alternativa es la autorregulación. Pero, sobre todo en el caso de la televisión, está claro que no siempre funciona. Tal vez sería necesaria la promoción de esas asociaciones de consumidores... Pero para ello sería necesaria una sociedad civil mucho más activa". A este lector le preocupa "lo fácil que resulta (...) que los medios actúen como vanguardia de linchamientos. Desde mi punto de vista, y reiterando que creo que no se trata de un pecado habitual de EL PAÍS, está claro que la prensa más profesional debe huir de ese papel".

La facilidad con la que el conjunto de los medios cae una y otra vez en exageraciones por las que luego tiene que pedir disculpas plantea la necesidad de encontrar mecanismos que eviten la repetición de los mismos defectos. Está claro que si se extiende la idea de que "todos son igual", todos perdemos. Es lo que podríamos denominar el efecto villano. Un descrédito general que merma la confianza. La industria farmacéutica que trabaja de forma rigurosa y con responsabilidad social, que la hay, sabe mucho de las consecuencias de este fenómeno.

La tendencia general al amarillismo no sólo extiende a todos los medios el efecto villano. Afecta también de otras formas más sutiles: si el contexto general es de una tolerancia cada vez mayor hacia el sensacionalismo y la espectacularidad, si eso es lo que predomina, ¿no acabará eso condicionando de algún modo las decisiones de los diarios serios? ¿No se primarán los temas más espectaculares y se buscarán los titulares más impactantes para llamar la atención de unos lectores cada vez más saturados de estímulos impactantes? Defender el rigor exige tratar de mejorar también el ecosistema.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

EL PODER DE LOS MEDIOS DE COMUNICACION


PRISMA

Por Mario Ugalde C.
Subdirector Diario extra
mugalde@diarioextra.com

Dentro del análisis del poder que ejercemos los medios de comunicación, en medio de una sociedad de consumo y decadencia, debe plantearse un examen centrado y minucioso, entre la ética moral y espiritual de la sociedad moderna, y la ética que debe regir a los medios de comunicación y sobre todo a los comunicadores.

Esto pone de manifiesto la brecha existente entre los comunicadores que ejercen irresponsablemente su profesión y los que se esmeran por llegar a la verdad para ejercer su derecho de informar y formar una sociedad con base al principio fundamental de la ética moral y espiritual: La verdad.

Por eso se debe presentar la tesis del rol de los medios de comunicación, no como tradicionalmente se le ha catalogado como un “cuarto poder”, sino que, por su trascendencia los medios constituyen un poder primario, por tanto su responsabilidad es primaria. Indiscutiblemente, éste es un poder ejercido sobre la conducta de los diferentes grupos sociales, y de manera especial sobre sectores políticos y económicos.
La idea de este comentario es establecer pautas que cambien nuestra mentalidad como comunicadores, de tal forma que estemos en capacidad de trabajar en pro de la transformación que requiere nuestra sociedad.

Debemos tener claro que la sociedad actual es tremendamente influenciada por los medios de comunicación. El mensaje de un medio es una semilla poderosa y multiplicante, que en segundos abraza a enormes masas de personas de todos los sexos y grupos. En palabras más sencillas, lo que publica un medio es repetido por cientos de personas, por eso siempre debe ser la verdad... y nada más que la verdad, aunque a muchos les incomode.

Por eso es importante que, tanto comunicadores como medios de comunicación reflexionemos, para que mediante nuestro trabajo responsable sea posible establecer nuevas proyecciones sociales, partiendo del principio de que todo ser humano tiene un valor especial e incalculable.

Los comunicadores y los medios de comunicación pueden y deben desempeñar un papel protagónico de información y formación de la sociedad costarricense. Son los medios y los comunicadores honestos quienes pueden ayudar con eficiencia en la labor de levantar a la sociedad del estado de postración y frustración en que se encuentra, insertando nuevos y buenos valores que nos permitan vivir en verdadera paz y tranquilidad.

Los amigos lectores saben que DIARIO EXTRA se ha caracterizado por dar apertura amplia a todas las líneas de pensamiento de los costarricenses, sean personajes políticos de partidos grandes o pequeños, por eso ahora que estamos en la recta final para elegir al próximo presidente o presidenta, mantendremos la misma línea editorial, brindándole espacio a todos, porque en eso consiste la democracia.